Esta novela es una saga familiar por genealogía femenina que transcurre en el norte de Chile entre Combarbalá, Ovalle y La Serena, y también en España. Se inicia cuando doña Josefa del Rosario Calderón de la Barca y Figueroa, señora de Tierra Quemada, llega a Chile para vivir en una hacienda heredada en medio de las montañas de Los Andes. Narra las alegrías y desdichas de doce mujeres que aman sin saber amar a través del transcurrir de tres siglos en un mundo lleno de soledad y pasiones.
El Sueño de la Leona de Ana Durruty deja una sensación ambivalente, casi como si uno caminara por un territorio emocional que promete más de lo que finalmente entrega. La novela tiene momentos de intensidad bien lograda, pero a veces la voz narrativa parece perder el pulso, como si dudara entre ser íntima o ser grandilocuente. Hay escenas que conmueven, sobre todo cuando la protagonista se enfrenta a sus fracturas internas, pero otras se sienten algo forzadas, demasiado conscientes de su propio dramatismo. La atmósfera funciona, aunque por momentos se vuelve densa sin necesidad. Aun así, la autora consigue imágenes potentes, de esas que se quedan rondando después de cerrar el libro. Quizá lo que más se echa en falta es una mayor cohesión emocional: el viaje de la protagonista avanza, sí, pero no siempre se siente acompañado por una evolución narrativa equivalente. Con todo, es una novela que invita a pensar en la identidad, el deseo y la herida, y que deja claro que Durruty tiene una voz propia, aunque todavía en búsqueda de su mejor forma.
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