Septiembre de 1955. Roque, un joven maestro que en el pasado fue un alumno difícil, llega a una escuela de la sierra de Sevilla con el deseo de que los niños puedan soñar con un futuro mejor, lejos del estruendo de la violencia y la lacra de la dictadura. Poco a poco conseguirá sembrar en los pequeños la curiosidad por el conocimiento y descubrirles la belleza de las palabras a través de la poesía. Sin embargo, sus inquietudes pedagógicas, heredadas de la maestra de su infancia, Lali, no casan con el estricto engranaje educativo del régimen ni con los ideales del director del centro, quien pronto empezará a sospechar de él. Y es que Roque esconde un secreto del pasado: busca algo que le arrebataron cuando era un niño, tras la detención de su profesora y su ingreso en un siniestro internado franquista, donde, a pesar de todo, descubrió que enseñar puede ser un acto de resistencia.
es una de esas novelas que te abrazan el alma desde la primera página y te reconcilian con el poder transformador de la educación. En esta emotiva continuación de La maestra, acompañamos a Roque, aquel niño conflictivo de la posguerra, convertido ahora en un joven maestro rural en la sierra de Sevilla de 1955. Con una sensibilidad desbordante y una prosa impecable, el autor nos sumerge en una atmósfera llena de nostalgia, valentía y esperanza, donde enseñar poesía y libertad se vuelve el acto más revolucionario frente a la rigidez de la dictadura. Los personajes rebosan una humanidad tan real que es imposible no emocionarse con la evolución de Roque y su lucha por regalarle un futuro mejor a sus estudiantes. Es un homenaje bellísimo y muy necesario a todos los docentes que educan con el corazón y una lectura que engancha, conmueve y deja una huella imborrable en el lector.
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